Cicloturismo por el Parque Natural de los Puertos de Beceite, Via Verde del Zafán y Parque Natural del Delta del Ebro

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Con el invierno ya lejano y bien entrada la primavera con temperaturas más suaves y días largos, apetecía volver a retomar la bici. Habían pasado casi cinco meses desde nuestro último viaje y aunque durante ese tiempo no habíamos vuelto a dar ni una sola pedalada, pensamos aquello de “quien tuvo retuvo” y nos decidimos a preparar una gran ruta para un puente de cuatro días.

Elegimos la zona del Parque Natural de los Puertos de Beceite, porque desde que lo conocimos hace unos años, nos pareció una zona de una belleza desgarradora y abrupta. Abarca un territorio comprendido entre las provincias de Tarragona, Castellón y Teruel. Discurre entre barrancos y escarpes excavados en roca caliza con abundante vegetación de pinar, arce, serbal, roble, encinas e incluso hayas. Pensamos que además podíamos completar el recorrido llegando hasta el Parque Natural del Delta del Ebro y disfrutar de este importante humedal.

Decidido el lugar, tocaba empezar a diseñar el recorrido. Para preparar casi todas nuestras rutas, lo que solemos hacer es consultar previamente la cartografía para ver posibles itinerarios, pero al no conocer la ciclabilidad de muchas pistas, buscamos tracks de personas que hubieran pasado por la zona, nos apoyamos en fotografías aéreas y en la herramienta de Google Earth. Eso no quita, que alguna vez la liemos parda (como nos pasó aquí) o la liemos con cierta alevosía, como será el caso de esta ruta.

Entre el trabajo y otras cosas, estaba bastante colapsada y apenas tenía tiempo de mirar nada, así que dejé a Sergio encargarse en solitario del diseño de la ruta. Aunque el recorrido inicialmente esbozado bordeaba el contorno de los Puertos, unos días antes del viaje, a mí se me ocurrió que sería más bonito que los atravesara. Eso daría más dureza a algunos trayectos, pero a su vez estaría compensado con la belleza de un entorno tan abrupto. Aunque desbaraté parte del plan, a Sergio le pareció bien y modificamos algunos tramos del recorrido tomando ideas del libro de “España en Bici” de Paco Tortosa.

Ceci, Justi, Dani y Rosa, se animaron a acompañarnos en esta aventura en la que les prometimos algunas sorpresas.

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Viajamos desde Madrid a la población de Godal donde teníamos previsto dormir en un área de recreo. Por falta de comunicación y algún capricho de google maps casi mandamos a nuestros amigos a despeñarse por un barranco a media noche. Menos mal que la buena pericia de los conductores salvó la situación y nos pudimos encontrar sanos y salvos en el lugar previsto donde pasamos la noche.

 

A la mañana siguiente bajamos con las furgonetas hasta el pueblo y tras dar cuenta de un desayuno, empezamos a preparar las bicis y colocar las alforjas. Con todo listo, comenzamos a pedalear. Sabíamos que la etapa del primer día iba a ser la más dura de todas, el tiempo era fresco y amenazaba lluvia.

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En unos 5 kilómetros por pistas asfaltadas, llegamos a La Galera que sería la última población por la que pasamos ese día. Al poco de abandonar el pueblo empezamos a remontar el barranco de La Galera y nos vamos adentrando en Los Puertos por una pista de tierra en buen estado, pero que nos empieza a poner a tono de lo que sería el resto del día. A pesar de la continua subida no apetece mucho parar ya que el día es frío, no hace sol y se avecina lluvia. Aun así, es necesario detenerse para contemplar la belleza del entorno que estamos recorriendo, sacar alguna foto, picar algo para reponer fuerzas o incluso recuperar el aliento.

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Yo empiezo a notar en mis piernas estos cinco meses sin pedalear, pero intento aguantar como puedo y pensar que a partir de mañana todo será algo más sencillo.

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Nos dirigimos hacia la Cova de Vidre, donde dejamos las bicis y caminamos un poco hasta encontrar la cueva formada por la apertura de un gran abrigo. Actualmente se usa como refugio de excursionistas y creemos que también de pastores y ganado. Esta cueva también ha sido objeto de excavaciones y hallazgos arqueológicos. Regresamos a donde habíamos dejado las bicis y continuamos pedaleando hasta el Coll de L’Assuca.

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Conforme hemos ido cogiendo altura, nos hemos adentrado en una niebla meona que sin darnos cuenta empieza a empaparnos. Ahora nos queda la parte más divertida, aquella que con premeditación y alevosía estaba diseñada de antemano para empujar las bicis por una empinada y pedregosa senda durante poco más de un kilómetro. Los primeros metros los hacemos empujando cada uno su carga. Después pasamos a la técnica de doble empuje en la que por parejas vamos empujando una bici un tramo para volver a bajar y subir nuevamente empujando la bici del compañero. Hasta que finalmente la senda se sigue complicando y tenemos que quitar las alforjas y ayudarnos unos a otros, unos cargan con las bicis, otros con las alforjas para subir un tramo y vuelta a bajar para repetir la misma operación. Así durante un rato hasta salir a lo que esperábamos que fuera una pista, pero que continúa siendo un sendero, eso sí, con algo menos de pendiente y un poquito más ciclable, lo que permite ir pedaleando en unos tramos y empujando en otros.

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Por fin el sendero se convierte en pista y rodamos en un suave descenso sumergidos en la niebla. La luz filtrada por la bruma y la espesura de los árboles se torna verdosa y convierte el entorno en un bosque mágico de una belleza exquisita. Nos encontramos en el hayedo de Retaule y al tomar una curva nos topamos frente al Fraig Pare, una haya de una imponente envergadura que vierte sus majestuosas raíces descubiertas y que dicen que supera los 250 años. Esta era la sorpresa que les habíamos preparado a nuestros amigos. Paramos a contemplar y fotografiar este monumento natural justo cuando comienza a caer una ligera lluvia que apenas notamos amparados bajo la espesura de las hojas del hayedo, pero que se hace persistente y nos señala que debemos continuar.

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La siguiente sorpresa preparada era el Pi Gros, un pino negro de 33m de altura, un diámetro de 4.60m y una edad que ronda los 700 años. La pena es que, entre la incomodidad de la lluvia y el frío, nos pasamos el desvío que teníamos que tomar y penosos como estábamos, no nos apeteció volver a deshacer el camino así que continuamos nuestro recorrido. Con el refugio de Font Ferrera completo para esa noche y descartada la opción de dormir bajo techo y cena caliente, habíamos previsto acampar en algún lugar cercano a la Font del Fraig.

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Unos más que otros íbamos acusando el cansancio. La lluvia había cesado, pero la niebla nos seguía manteniendo húmedos. Llegados a la zona, a unos 1.200m de altitud, buscamos la fuente sin éxito y decidimos apañarnos con el agua que llevábamos entre todos. Encontramos un buen lugar donde poder montar las tiendas y descansar.

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Completaríamos la etapa con un total de 43 kilómetros y 1.370m de desnivel positivo.

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Comenzamos el segundo día con un tímido sol. Tras recoger el campamento nos pusimos en marcha y enseguida empezamos a descender hasta la Casa del Rei donde nuevamente tenemos que volver a subir y recuperar los metros perdidos hasta el Boixet para tomar el Camí de la Sénia hasta cruzar el Río Matarraña y llegar a Beceite, directos al bar a por unas cervezas.

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Tras reponer fuerzas seguimos nuestro camino hasta Arnés, donde nos entretuvimos un rato recorriendo sus calles y contemplando la fachada renacentista de su ayuntamiento y su iglesia barroca.

 

Desde Arnés se enlaza con la Vía Verde de la Tierra Alta que aprovecha el trazado ferroviario del antiguo tren del Val de Zafán. La vía verde nos permite rodar más rápido al tiempo que disfrutamos de los espectaculares túneles y viaductos para salvar los barrancos que forma el río Canaletas.

 

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Nos desviamos a la Font Calda (la sorpresa del segundo día), con la expectativa de encontrar una zona de aguas termales al aire libre donde poder darnos un baño. Nuestra ilusión se desvanece al comprobar que la temperatura del agua no parece tan cálida como habíamos pensado. Tras recorrer andando unos metros por las pasarelas que se van adentrando en río Canaletas, volvemos a las bicis y decidimos regresar al trazado de la vía verde.

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El tiempo cambia y parece que se avecina tormenta. Buscando un lugar para dormir a refugio del fuerte aire que se ha levantado y del bullicio de algunos caravanistas en las ruinas de la antigua estación de Prat del Comte, conversamos con un paisano que nos aconseja tomar una pista que baja a un área recreativa donde montamos las tiendas justo antes de que comenzara a llover.

IMG_20170430_200700-01Terminamos la etapa con un total de 66 kilómetros y 630m de desnivel positivo.

Empezamos nuestro tercer día de ruta recorriendo el último tramo que nos queda de la vía verde hasta llegar a la Antigua estación de Benifallet reconvertida en un Hotel Gastronómico donde nosotros aprovechamos para tomar un café.

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Pasado este, el río Ebro empieza a aparecer a nuestra izquierda. Atravesamos Xerta y Aldover y al llegar a Roquetes continuamos nuestro camino hacia el Delta paralelos a un canal de agua.

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Antes de llegar a Amposta, nos desviamos un momento para contemplar la Torre de la Carrova.

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En Amposta nos detenemos en el puente colgante cuya construcción terminó en 1921 y jugamos a hacernos fotos sin morir atropellados en el intento.

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Es la hora de comer y nos apetece darnos un homenaje de mesa y mantel, así que tras ir de un lado a otro buscando algún sitio, la fortuna y el TripAdvisor nos conduce al restaurante La Sifoneria donde nos trataron fenomenal y disfrutamos de una comida rica.

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Con la tripa llena, cuesta volver a la bici, pero sabemos que aún nos quedan unos cuantos kilómetros, aunque no revisten ninguna complicación y se hacen disfrutar.

Tomamos un carril bici que nos va adentrando en el Parque Natural del Delta del Ebro entre juncos y arrozales que se encuentran inundados de agua con incipientes brotes verdes.

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El Delta del Ebro es el segundo humedal más importante de España, después de Doñana, formando una llanura aluvial que penetra unos treinta kilómetros en el mar. Es un refugio privilegiado para las aves propias de los humedales y las que están de paso en su ruta migratoria.

Desde el comienzo empezamos a ver aves por todas partes, quizá la que más se dejó ver fue la Cigüeñuela Común. Otras las veríamos desde la distancia a través de los diferentes observatorios ubicados en diferentes zonas del parque.

 

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Ejemplar de “Garza Italiana”

Rodamos  por  la playa de L’Alfacada y vamos tomando rumbo hacia el final de la etapa en el camping de L´Eucaliptus donde pasamos la noche.

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Una sorpresa para todos, rodar por la playa los últimos kilómetros.

 

Realizamos 87 kilómetors con 210m de desnivel positivo.

El último día de viaje nos esperaba una etapa más corta ya que además teníamos que hacer el viaje de regreso a Madrid.

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Seguimos recorriendo el Delta bordeando las lagunas de la Tancada y El Clot, disfrutando de la presencia de flamencos, garzas, ánades, charranes, gaviotas y algunas otras aves que desconocemos o no somos capaces de identificar en la distancia.

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Vamos dando pedaladas dejando atrás el Delta y nos dirigimos hacía la zona conocida como Ullals de Baltasar, un área de surgencias de agua dulce subterránea proveniente de las montañas cercanas (Los puertos y la Montsià)  y donde viven algunas especies raras de anfibios. Hacemos una pequeña parada que aprovechamos para picar algo y disfrutar del entorno.

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A partir de aquí, el trayecto va perdiendo interés y busca retornar de la forma más apacible hasta Godal donde nos reencontramos con las furgonetas y termina nuestro viaje.

La última etapa terminó con 38 kilómetros recorridos y 272m de desnivel positivo.

Gracias a Ceci, Dani, Rosa y Justi por acompañarnos y compartir sus fotos.

 

 

 

 

 

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