Chamonix – Zermatt con esquís de travesía.

 

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Fotografías propias y cortesía de: Alfredo Encinar, Joel Arellano, Rebecca Sheley y Ryan Leonard.

 

La Chamonix-Zermatt, es sin duda, la alta ruta con esquís por excelencia, la más conocida y para los amantes del esquí de montaña, un peregrinaje que hay que realizar alguna vez en la vida.

Esta ruta la tenía pendiente desde hace bastantes años, pero unas veces por no reunir grupo y otras por asuntos personales, iba pasando el tiempo y no la realizaba.

El destino, como siempre, juega con nosotros y esta vez fue de manera muy positiva. En una charla de uso de smartphone en montaña que di en Jaca, en la compañía de guías Pirineosur  hablándolo con su gerente, mi amigo Alfredo Encinar, me ofreció la posibilidad de ir con él a una salida que tenía al mes siguiente. Llevaba a un grupo a realizar la ruta Chamonix-Zermatt y quedó libre una plaza. Me pareció una excelente idea, aunque tenía que cerrar varios frentes antes de marchar.

Por un lado tenía mi trabajo a tope, pues en ese momento estábamos en “hora punta”.  Por otro lado, tenía dos temores que me quitaban el sueño: Uno era el nivel técnico del grupo, había llegado a mis oídos que era un grupo muy fuerte, que venían de  Grand Junction, Colorado (EE.UU.), la mayoría trabajaban en la estación de esquí Powderhorn como ski patrol (pisteros), esto ya de por sí me ponía nervioso. El otro temor era mi pobre estado físico ya que este año hemos tenido un invierno de verdad, con muchos días de mal tiempo y precipitaciones, que me hacían muy complejo el llevar un entrenamiento de fondo adecuado al terminar mi jornada laboral.

Para el nivel técnico no pude hacer otra cosa que por las noches, desde la cama, visualizar positivamente mis giros. Para el asunto de la forma física, me apunté a un gimnasio cercano que abría sus puertas a las 6:00 de la mañana, de esta forma podía hacer bici o correr en cinta antes de entrar a trabajar. Fue un intento desesperado de mejorar mi maltrecho fondo.

Una vez que llegó la fecha, fui a Jaca a reunirme con Alfredo, para desde allí irnos con la “rulina”, la furgoneta de empresa, hasta Chamonix en Francia.

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La furgoneta se portó muy bien todo el viaje.

Tras el largo viaje fuimos a parar a una “Gite” que Alfredo había reservado para todo el grupo, donde a pesar de comenzar con mal pie por un pequeño malentendido del email, nos trataron de manera estupenda y pudimos descansar y reponer energías plenamente en los días que usamos el campo base.

Alpen Rose

Gite en Chamonix “AlpenRose”

A partir de ese día comenzaron a llegar parte del grupo, primero José Carlos Iglesias, viejo amigo de Alfredo y como él, guía profesional, junto con su pareja Joanna Iglesias. Posteriormente fueron apareciendo el resto del equipo, así hasta juntarnos los 18 integrantes de la actividad.

Alfredo y José Carlos, los dos guías de alta montaña, como organizadores, llevaban todo el peso de la actividad, que no es baladí. Desde llevar un ritmo en subida acorde al grupo, a visualizar los peligros del terreno glaciar, asegurar con la cuerda un pasaje o la toma de decisiones para garantizar la seguridad del grupo. Además del trabajo no visible como las reservas o confirmaciones en los alojamientos, taxis, revisión de rutas alternativas para escapes en caso de mala meteo etc… Todo para conseguir la máxima seguridad y máximo disfrute de la actividad.

Joanna y yo, participamos como guías segundos o de apoyo, echamos una mano en todo lo posible e incluso en alguna ocasión funcionamos como guías turísticos.

Glaciar Argentiere

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Esperando el autobús para ir a Grands Montets.

Con todo el grupo ya en nuestro campo base  salimos a la primera toma de contacto, una excursión saliendo desde la estación de esquí Grands Montets, desde su punto más alto.

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Teleférico. Joel, Becky, “B” Briana, Ben, Mike y Ryan.

Descenderíamos, entre seracs semiocultos y por una nieve polvo sin transformar (para deleite del grupo y sus anchos esquís) hasta el glaciar de Argentiére.

Descenso grand montets

¡Nieve polvo y yo con esquís finos!

Al llegar a su planicie pondríamos las pieles de foca e iríamos en dirección al refugio para luego ir subiendo un poco por el glaciar des Améthystes. Como era una jornada de toma de contacto, no llegamos a asomarnos al Collado de Tour Noir. A mitad de la subida, quitamos pieles, para descender por una nieve con costra, Alfredo lo resuelve de manera elegante, pero el resto lo bajamos de aquella manera, aunque cabe decir que en general todos muy bien y bastante rápido para lo mal que se presentaba este tramo.

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Foqueando por el glaciar de Argentiere.

Desde el plano glaciar seguimos descendiendo hasta el punto en el existe un gran escalón y el glaciar lo copia, formando una especie de gigante cascada de hielo. Aquí nos salimos a la izquierda y flanqueamos por una medida ladera bastante inclinada y muy divertida hasta entrar en las pistas de esquí desde donde comenzamos por la mañana.

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Glaciar de la Amatista. Caesy feliz por el comienzo del descenso.

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Becky y Dennis, en un descanso en el refugio de Lognan.

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Vuelta a la Gite con una sonrisa de oreja a oreja.

Valle Blanche descartada, cambio de planes  por viento y noticias tristes.

El siguiente objetivo del planing era hacer el mítico descenso freeride de la Valle Blanche. Esta ruta, sin ser muy compleja, exige buen dominio del esquí, saber usar crampones y piolet, aparte del arva-pala-sonda. Además de llevar el material de rescate en glaciar (arnés, tornillo de hielo, material de polipastos, cuerda) también es muy recomendable llevar cartografía y gps con el track descargado ya que es un freeride y no está balizado, en caso de niebla nos puede sacar del apuro, si no tenemos experiencia o dudamos con alguna técnica, es muy recomendable contratar un guía.

La meteo venia siendo irregular desde que llegamos a Chamonix y en este caso, el problema eran los fuertes vientos que se vaticinaban en las cumbres (100km/h) y que no nos permitieron poder realizar la Valle Blanche y tampoco era recomendable comenzar al día siguiente la travesía, ya que teníamos que superar el aéreo collado de Chardonet para llegar al refugio de Trient.

Esta temporada la gran cantidad de nieve y lo inestable del manto hacía que se extremaran más las precauciones. En Europa ha sido un año negro por la cantidad de accidentes por aludes, además en esos días conocimos la triste noticia del fallecimiento de tres españoles, dos clientes y el guía Roman Bascuñana, en otra gran travesía: los Oberland. Casi a la par, también perdía la vida de la misma manera, el médico y guía de alta montaña, Enmanuel Cauchy, muy conocido en Francia, en la cercana zona de las Agujas Rojas.

Con todas estas variables, el tandem líder, estuvo revisando varias opciones, hasta terminar por diseñar otra entrada a la ruta, quitando los dos primeros días para evitar el viento. De esta forma, entrábamos a la ruta en la ventana de buen tiempo y no corríamos riesgos innecesarios. Cabe señalar que otros grupos guiados, que si entraron en la ruta los días de mala meteo, nos contaron que estuvieron encerrados en los refugios dos días sin salir y los que optaron por probar suerte con Eolo, pasaron verdaderos apuros para poder abandonar la ruta y llevar al grupo a alguna población.

Etapa 1 Arolla- Refugio de Dix. Comienzo de la travesía…¡Por fín!

El último día de viento lo gastamos en realizar el traslado en taxi, de Chamonix a la pequeña y encantadora población Suiza de Arolla, en el cantón del Valais, donde pasamos noche. Al día siguiente pudimos comenzar la ruta.

Deslizándonos por una pista de esquí nórdico, próxima a la puerta de nuestro hotel, llegamos a su pequeña estación de alpino, por donde subiríamos cómodamente, hasta el Pas de Chevre.

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José Carlos Iglesias, siempre con una sonrisa.

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Sergio a punto de coger el “POMA”

Como algunos del grupo no conocían o no habían usado nunca un “telearrastre” (ellos lo nombraban como la marca del fabricante “POMA”) les hacía ilusión cogerlo por primera vez en su vida. Este nos subió un pequeño tramo de las pistas, quitándonos algo desnivel, después pusimos de nuevo las focas hasta el collado del fondo del valle, este collado se llama Pas de Chevre (paso de la cabra) ya que tiene unas escaleras verticales que salvan el gran desnivel del paso de roca natural.

 

Una vez descendimos con cuidado por las escaleras con las tablas a la espalda, nos calzamos los crampones y el piolet, para bajar parte del tramo más escarpado de nieve, que ocultaba más tramo de escalera.

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Pas de Chevre.

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Ben empezando a bajar.

 

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Crampones y piolet para descender todos con más seguridad.

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Posee una buena inclinación.

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Pas de Chevre.

 

Ya todos abajo, seguimos por el Glaciar de Cheillon, dirección al refugio de Dix, bajo la imponente mirada del Mont Blanc de Cheillon.

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Joel y Sam.

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Mont Blanc de Cheillon.

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Vemos ya cercano el refugio, subido en una pequeña atalaya, encima de un mar de nieve.

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Refugio de Dix.

Los refugios resultan muy acogedores y con una cena abundante. Como llegamos pronto y descansados, unos cuantos, aprovechamos el soleado día para alargar un poco la ruta, acercándonos al collado izquierdo del pico La Luette y disfrutando con las majestuosas vistas de los Alpes.

 

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Jason.

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Collado izquierdo de La Luette.

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Disfrutando de la cena. Jason, Mike, Bill, Joel, Ryan y Jim.

Track de la primera etapa.

Etapa 2 Refugio de Dix- Refugio de Vignettes. 

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Reunión antes de comenzar la etapa.

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Mont Blanc de Cheillon. Becky y Alfredo.

Volvemos a pisar el glaciar de Cheillon, y empezamos a subir hacia el paso del Serpentine, este paso es el tramo “menos” expuesto para superar un escalón del glaciar, normalmente se pasa con crampones y piolet puesto que puede ser puro hielo ya que es un glaciar.

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Cerca del Pas de Serpentine.

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La traza evita el hielo que aflora en la superficie en la parte central y derecha de la imagen.

Con temores de cómo encontraremos el paso, nos vamos acercando hasta él para comprobar que tiene una capa de nieve bastante grande que permite pasarlo perfectamente con esquís, eso si, con las cuchillas, así nadie se juega una caída por resbalón. Una vez superado, seguimos por un pequeño altiplano, que nos deja cerca del Pigne de Arolla, nuestro punto más alto del día. Ascendemos al aglomerado pico, con cuidado de no tener un traspiés o que alguien en la cumbre no nos golpee con la mochila y nos lance hacia su escarpada y helada cara Norte.

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Jason Mc, Sergio, Alfredo, Mike Mc y Jason.

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Pigne de Arolla.

Tras picar algo rápido, nos ponemos en modo descenso, esta es la primera bajada larga de la travesía que nos deposita en el refugio de Vignettes. La nieve en este tramo es muy buena, vamos descendiendo, disfrutando y reagrupandonos cada poco. Antes de llegar al refugio, Alfredo y Jose Carlos, marcan un punto donde existe un paso por el cual es mejor pasar de uno en uno, ya que encima tenemos unos serac gigantes que algún día puede que tomen la decisión de dar una vuelta por el glaciar y cuantos menos esquiadores estemos debajo, mejor.

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Joanna disfrutando del descenso.

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El tramo de seracs.

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Vignettes Hut.

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Cómoda arista de acceso al refugio.

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El paso de los seracs, visto desde Vignettes.

Una vez abajo y todos reagrupados de manera segura, tenemos el refugio a unos 200mts por una cómoda arista. Entramos en el mismo con ganas de comer pues el olor de la cocina y su delicioso Rösti hace que nos abandonemos a su comida típica con unas cervezas.

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Dennis dibujando sueños y montañas.

Track de la segunda etapa

Etapa 3 Refugio de Vignettes – Refugio Bertol. 

Nos levantamos y vamos a recoger nuestro material y ropa a la “lavandería”. Este curioso  refugio tiene unas cristaleras orientadas al sur que, en días soleados,  hacían un agradable efecto invernadero que secaba todo el material húmedo.

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“Secadero”.

A pesar de ser un refugio muy cómodo y en el que se come muy bien, hubo un detalle feo por parte de los guardeses y por parte de otros compañeros montañeros, ya que pusieron el desayuno para todos en modo buffett y los que madrugaron más, (ya sea porque tenían una etapa más larga u otro motivo) pudieron desayunar en abundancia, dejando al resto de usuarios del refugio con menos comida. Aquí, los guardas tuvieron la descortesía de no reponer más comida y algún miembro del grupo se fue casi en ayunas.

Al salir del refugio, comenzamos en descenso en una diagonal hasta llegar a un pequeño plató donde nos pusimos las focas, desde aquí tenemos una pequeña subida de unos 300 mts hasta el Coll de Evéque, desde el cual tenemos una larga bajada (6km aproximadamente) por la que disfrutamos de lo lindo y en la que no paramos ni a tirar fotos. Llegamos hasta el Pla de Bertol, final del descenso. En el Pla, realizamos una pausa para picar y coger fuerzas ya que nos quedaba una subida de 800mts de altura hasta el refugio de Bertol.

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Subiendo hacia el Coll de Evéque.

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Jose Carlos nos marca un agradable ritmo de ascenso.

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Grandes grietas por nuestro camino.

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Descenso a tope.

Jose Carlos se pone en cabeza y nos marca el ritmo en subida. Al empezar a pisar el glaciar de Bertol, vemos algunas balizas y unos cuantos esquiadores descendiendo encordados en grupos de 3. Están preparando la prueba de la Patrouille des Glaciers, una prueba de esquí de montaña de origen y gestión militar, que data de 1943, en la que en equipos de 3 personas  tienen que recorrer más de 100km y 4000mts de desnivel positivo en una sola jornada.

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Cartel de la prueba.

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El fin de etapa está en el collado central.

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Mike Mc. llegando al collado.

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Las tablas las dejamos cerca de la escalera.

Continuamos la subida hacia el final de la etapa, el refugio Bertol, un pintoresco alojamiento enclavado en una aguja rocosa. Un sitio poco accesible, de hecho, para entrar en el mismo, debemos trepar unos cuantos metros por una escala metálica, y dejar los esquís bien clavados en la nieve del collado.

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Detalle de la escalera y el “collado guardaesquís”.

En este collado nos encontramos con un nutrido grupo de militares Suizos y la presencia de varios helicópteros, con los que están preparando unas carpas para la carrera.

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Track de la tercera etapa

Etapa 4 Refugio Bertol – Zermatt. 

Solamente pasar una noche en el refugio de Bertol es una experiencia en si misma. Todos coincidimos en que cada ventana del refugio parece una postal por sus increíbles vistas, el maravilloso y vertiginoso enclave en el que se sitúa, su vertical acceso por la escala metálica, sus obligadas pasarelas aéreas al vacío para ir al WC, sus graciosas, a la par que peligrosas escaleras interiores (al mas puro estilo de la casa magnética), o esos dormitorios octogonales, que parece que estás metido en una caja de quesitos, en la que te tiras toda la noche haciendo “piececitos” con los que te tocan a tu vera. 

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Nuestro dormitorio.

Todo esto hace más entretenida la tarde en el refugio y nos deja un grato recuerdo de tan singular hospedaje.

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Increíble atardecer.

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Pasarela de acceso al WC.

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Sam asomado a la terraza.

 

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Ahí abajo están clavados los esquís de todo el refugio.

Como en todos los refugios de la ruta, la cena es sabrosa y abundante. No tuvimos el problema del día anterior en Vignettes: cuando se acabó la comida, inmediatamente fue repuesta por más cosas y todos pudimos disfrutar de un buen desayuno.

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Se propone una hora de salida y quedamos fuera del refugio, más bien en el lado Este del collado, en una plataforma plana que los militares han habilitado para instalar una carpa de la carrera. Para llegar aquí aunque no es muy complejo, lo mejor es una vez bajada la escala metálica, calzarse los crampones puesto que está un poco helado. Desde la plataforma nos ponemos las tablas y comenzamos con un pequeño descenso por una incomoda diagonal que acaba pronto. Otra transición a modo ascenso, empezamos a movernos y nos recibe la subida con algo de viento. Lo cierto es que este único ascenso del día son apenas 500mts de altura hasta llegar a la cumbre de hoy, el pico Tete Blanche.

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Despedida del Bertol Hut.

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Día un poco gris con viento.

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Caesy, Mike y Jason en la ante-cima de la Tete Blanche.

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Joel en la cumbre de la Tete Blanche.

Tras la foto de cumbre, nos ponemos rápidamente en movimiento para salir del pico y donde está pegando el viento. Comienza el largo descenso, nada mas y nada menos que 18km hasta nuestro destino final: Zermatt. Una vez que comienza la bajada no nos molesta el aire. Ahora Alfredo va en cabeza, nos va marcando los pasos, ya que en el camino nos aparecerán algunas grietas y en otras ocasiones esquiaremos junto a los grandes hielos descubiertos del glaciar, nos aleja de las zonas expuestas a avalanchas y evita los peligros de los Serac colgantes.

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Grandes Seracs en el itinerario.

La bajada no la encontramos con la mejor nieve del mundo, pero es nuestra bajada y para nosotros es apoteósica. Pronto aparece el esbelto Dent D´hérens, y el mítico Mattherhorn, ambos semicubiertos por las nubes. El terreno de repente se suaviza y llegamos a un largo tramo bastante plano, por el que se accede a las pistas de esquí, por las que con euforia, vemos que hemos conseguido completar nuestra Alta Ruta.

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Final en Zermatt.

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Alfredo Encinar y José Carlos Iglesias.

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Matterhorn.

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Brindis por la ruta.

Track de la cuarta etapa

 

Programa Chamonix-Zermatt 2019

Si has disfrutado del reportaje de la Chamonix-Zermatt, estamos preparando ya un interesante programa para el 2019. Para más información contacta con Pirineo Sur o conmigo.

cervezas chamonix

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